Prométeme que serás la
brisa suave que me meza en una noche cálida de verano mientras me hallo sentado
buscando en el horizonte el resurgir de tu figura risueña, contando las horas
para poder sentir cerca ese perfume embriagador que te envuelve y que me
recrea.
Prométeme ser aliento
tenue cuando no me encuentro, cuando parezca perdido y solo tú seas la luz que
me lleve, que me lleve cerca de las estrellas; no eres banalidad, no eres
mariposa pasajera, eres movimiento dentro de mi cabeza, los dos juntos cerca de
las estrellas.
Prométeme que te irás
deprisa, que llegaras sin prisas, que me contaminarás de por vida; que serás
efusiva, ardiente, valiente, soñadora, incansable, luchadora, lectora de mis
historias inventadas, observadora de mis inquietudes, de mis alegrías, de mis
desgracias y de mis triunfos.
Prométeme que me
guardas ese abrazo que nunca me has dado, que siempre he añorado, que es
revitalizador y a la vez un tanto amargo; regálame tu calor humano, tu mirada
plena que me cuenta y que me hace revivir mis pobrezas.
Prométeme que siempre
seré parte de tu historia contada a medias, que soy una mañana de lluvia en un
día de invierno, que soy el sol que te tuesta mientras estás tirada en la
arena, que soy un páramo desierto lleno de amapolas nuevas, que seré niño para
escucharte lo que me cuentas, que soy psicólogo de tus locuras aviesas, que soy
tu lienzo en blanco en momentos de inspiración plena.
Prométeme que me
estarás esperando en tu puerta una tarde cualquiera, viéndome pasar como vieja
austera, no me importa la edad que tengas, te prometo que siempre guardare el
recuerdo de todo aquello que eras, mi princesa de cuento, el primer viaje al
centro de tu pequeño universo, el paseo de vuelta a casa bajo las farolas, los
momentos de invertir en bolsa, el primer despertar acompañado… la mariposa que
se me escapó volando.
