Todo a mí alrededor se
rompió, mis triunfos y mis logros tienen otro sabor. No me queda nada del ayer
más que el eco de tu voz que me retroalimenta y que me hace perder la cabeza.
Somos dos viandantes con rumbos opuestos destinados a hacer caminos y senderos,
a descubrir horizontes nuevos, eres pez grande, eres mi Big Fish.
Soy un desconocido de
tus mundos, de tus vivencias, de tus inquietudes, de tus manías y tus maneras.
Vivo en un mundo que está cambiando: no hay niños y tampoco marcianos, no hay
noche oscura y tampoco de locura; todo está plagado de maniáticos, de mariposas
incoloras, de ojos del color de las amapolas. Ya no soy niño ni viejo, soy un
alma errante en un mar de historias contadas a medias. Estoy en cualquiera de
tus sonrisas, en cualquiera de tus ocurrencias, en la luna lunera que te
ilumina, en las tardes de no hacer nada, en el aire que te rodea, en la mano
que te ayuda en los momentos de zozobra ahí estoy yo… estoy allá donde vayas,
escondido detrás de cortinas opulentas.
Caminantes sin camino,
monstruos que no entienden de amor eso somos los dos, dos completos extraños
que se conocen muy bien, un cruce de
miradas, un abrazo que aterra, una
despedida desde una ventana, la sombra de dos niños que juegan, una pareja en
un banco contemplando la plenitud de lo que les rodea, un beso que nunca llega.
Y es el momento de
engrandecer lo bello, de enseñarle los dientes al destino, de no ser otro que
destierro, de buscar tu figura de ensueño, de vivir sin tus ojos de caramelo,
de descubrir colores y olores nuevos, de vivir sin ti sin saberlo… momentos que
añoro y sueño, momentos que son sólo nuestros. Gracias por haber sido mi mejor
momento.
Fin del cuento…
