martes, 12 de julio de 2016

AUTOPSIA DE UNA MENTE PRODIGIOSA- PARTE XXII (INQUIETUDES METAFÍSICAS)

Todo a mí alrededor se rompió, mis triunfos y mis logros tienen otro sabor. No me queda nada del ayer más que el eco de tu voz que me retroalimenta y que me hace perder la cabeza. Somos dos viandantes con rumbos opuestos destinados a hacer caminos y senderos, a descubrir horizontes nuevos, eres pez grande, eres mi Big Fish.

Soy un desconocido de tus mundos, de tus vivencias, de tus inquietudes, de tus manías y tus maneras. Vivo en un mundo que está cambiando: no hay niños y tampoco marcianos, no hay noche oscura y tampoco de locura; todo está plagado de maniáticos, de mariposas incoloras, de ojos del color de las amapolas. Ya no soy niño ni viejo, soy un alma errante en un mar de historias contadas a medias. Estoy en cualquiera de tus sonrisas, en cualquiera de tus ocurrencias, en la luna lunera que te ilumina, en las tardes de no hacer nada, en el aire que te rodea, en la mano que te ayuda en los momentos de zozobra ahí estoy yo… estoy allá donde vayas, escondido detrás de cortinas opulentas.

Caminantes sin camino, monstruos que no entienden de amor eso somos los dos, dos completos extraños que se conocen muy bien,  un cruce de miradas,  un abrazo que aterra, una despedida desde una ventana, la sombra de dos niños que juegan, una pareja en un banco contemplando la plenitud de lo que les rodea, un beso que nunca llega.

Y es el momento de engrandecer lo bello, de enseñarle los dientes al destino, de no ser otro que destierro, de buscar tu figura de ensueño, de vivir sin tus ojos de caramelo, de descubrir colores y olores nuevos, de vivir sin ti sin saberlo… momentos que añoro y sueño, momentos que son sólo nuestros. Gracias por haber sido mi mejor momento.


Fin del cuento…

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