viernes, 1 de abril de 2011
AUTOPSIA DE UNA MENTE PRODIGIOSA- PARTE IX (RESOLUCION DE UN SEGUNDO)
Tic tac hace mi reloj. Tic tac hacia el resonar de un mal adiós. Tic tac que se hace resonar por un largo corredor, corredor con un mundano dios pintado de dorado, idolatrado por idiotas de cofia y alza cuellos blancos, ¡Bienvenidos a mi mundo! Tic tac que rompe el silencio de esta mi ciudad, que comprime y descomprime, que escupe y vomita y a su vez esboza sonrisas de falsas profetas, de tristes perras callejeras que se apellidan V. y se hacen llamar Tristeza ¡Pobre perra lastimera! Tic tac y todo se paró porque encontró LA flor que el olor le devolvió, que la suciedad de sus ropajes limpió. Su nombre, su nombre no os diré ya que es capaz de controlar el tiempo, que lo detiene, que lo acelera, que lo modifica y lo altera, que no sufre y que a veces se desespera, se ofusca y lamenta. Tic tac de relojes de señores del mundo de grandes carteras que boca no cierran. Tic tac de un sistema constituido para sacar de nosotros toda la miseria. Lástima puñado de putas preñadas, que abortan bocanadas de prozac y de vicodina, puñados de infieles y sodomitas que rezan a un dios de papel, adorando al niño Coca-Caló. Tic tac y sonó mi reloj y concretó la resolución de un segundo, con mis pupilas bien dilatadas, agudizo pluma encantada y os bajo las bragas...
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