Ayer me contaron que la amapola que despuntaba entre
margaritas se me había secado, que el rocío de la noche no le servía por que de
sus pétalos colgaban sueños, promesas, mentiras. El día deslumbraba su belleza
obtusa, meditando con el sentir de su hermosura.
Me contaron que el viento ya no mecía su cuerpo, que
era roca, que era destierro porque no había encontrado los ojos de su dueño;
aquel que la cuido con esmero, que le supo dar lo que no le dieron cientos.
Me contaron que al atardecer su color se perdía, que
no brillaba, que no era más que pantomima consumido por las llamas del sol de
tramontana que huía. Huía lejos por no soportar tal descalabro de lo que fue en
su día. Ardiente en su pecho, jocosa en su lecho, amante fiel, dulce compañía
de locura, de cuentos, de historias, de tierna ambrosía.
Me contaron que su aroma había cambiado, que un olor
almizcleño y sombrío inundaba su rededor. Su aroma embriagador que a tantos
bichitos atraía y de la que era envidia toda flor se diluía, quedando encerrado
en lo más profundo de unos estambres que le bailaban a la vida.
Me contaron que su tierra se pudría, que era un pez
grande para una pecera chica, volviendo a la tierra de la sabiduría, su tierra
querida, su tierra añorada por la que tantos pasan, por la que una vez lloraron
y por donde una vez paseamos.
Me contaron que la vieron marchar subidita en la
espuma de las olas del mar, buscando, buscando un futuro y un lugar donde los
niños juegan en la calle, donde las viejas susurran historias y poemas, donde
las mariposas vuelan sin miedo a la tormenta, donde su hojas no verdean, donde
el tic-tac del reloj no es agonía si no un son que le marca la vida. Me
contaron y me volvieron a contar que la vieron marchar…
"Lo mejor
y lo mas bonito de esta vida no puede ni verse ni tocarse, debe sentirse con el
corazón" Helen Keller

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