martes, 12 de enero de 2016

AUTOPSIA DE UNA MENTE PRODIGIOSA- PARTE XVII (ABRAZOS ROTOS)

Ayer me contaron que la amapola que despuntaba entre margaritas se me había secado, que el rocío de la noche no le servía por que de sus pétalos colgaban sueños, promesas, mentiras. El día deslumbraba su belleza obtusa, meditando con el sentir de su hermosura.

Me contaron que el viento ya no mecía su cuerpo, que era roca, que era destierro porque no había encontrado los ojos de su dueño; aquel que la cuido con esmero, que le supo dar lo que no le dieron cientos.

Me contaron que al atardecer su color se perdía, que no brillaba, que no era más que pantomima consumido por las llamas del sol de tramontana que huía. Huía lejos por no soportar tal descalabro de lo que fue en su día. Ardiente en su pecho, jocosa en su lecho, amante fiel, dulce compañía de locura, de cuentos, de historias, de tierna ambrosía.

Me contaron que su aroma había cambiado, que un olor almizcleño y sombrío inundaba su rededor. Su aroma embriagador que a tantos bichitos atraía y de la que era envidia toda flor se diluía, quedando encerrado en lo más profundo de unos estambres que le bailaban a la vida.

Me contaron que su tierra se pudría, que era un pez grande para una pecera chica, volviendo a la tierra de la sabiduría, su tierra querida, su tierra añorada por la que tantos pasan, por la que una vez lloraron y por donde una vez paseamos.

Me contaron que la vieron marchar subidita en la espuma de las olas del mar, buscando, buscando un futuro y un lugar donde los niños juegan en la calle, donde las viejas susurran historias y poemas, donde las mariposas vuelan sin miedo a la tormenta, donde su hojas no verdean, donde el tic-tac del reloj no es agonía si no un son que le marca la vida. Me contaron y me volvieron a contar que la vieron marchar…


"Lo mejor y lo mas bonito de esta vida no puede ni verse ni tocarse, debe sentirse con el corazón" Helen Keller

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