Tras el rumor de una
noche estrellada te vi aparecer, melena suelta y rizada, largos cabellos ondulados
hacían de tu cara un sueño. Llegaste de improviso con aquel bonito vestido,
ojos claros como estrellas se posaron en mi figura inerte. De tus labios, color
rojo carmesí brotó un suspiro que me devolvió el aire perdido.
Norte y Sur me gritaste
en un intento de hacerte comprender y en plena oscuridad volviste a
desaparecer. Noté que tu figura crecía, eras jazmín de la mañana fría, eras
envoltura de plata fina, eras escalera y soportal en un día de neblina,
simplemente eras y serás mía.
Reconozco la locura que
solo tú elucubras, eras mi enfermedad preferida, eras el sueño de un domingo de
diabluras. No te conocía, eras una desconocida… Ahora sólo me queda tu aroma,
tu sonrisa y tu belleza diluida, la busco, te busco, sólo la percibo en mi
mundo pequeño de sueños y risas.
Que serían mis días sin
los recuerdos del ruiseñor en mi pecho, del tronío de cien mil millones de
besos, del aletear de mariposas de tus cuentos, de mis cuentos, de nuestros
cuentos; de las manías insanas y de las miradas que me regalabas. Ahora son
otros tiempos… regálame, regálame ese último baile que termine en un beso.
Hoy te muestras como
aquella desconocida, mi desconocida a la que un día le brindé mis penas y mis
llantos y que con su paño recogía, gotitas de amor y de melancolía. Allá dónde
el aire me lleve, donde los caminos se crucen y no sepa como volver, en las aventuras
que escriba y no cuente y en las metas que me marque alcanzar siempre estarás,
eterna desconocida.
…

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