martes, 12 de abril de 2016

AUTOPSIA DE UNA MENTE PRODIGIOSA- PARTE XX (MAITASUNA DE PINPILINPAUXA)

Tras el rumor de una noche estrellada te vi aparecer, melena suelta y rizada, largos cabellos ondulados hacían de tu cara un sueño. Llegaste de improviso con aquel bonito vestido, ojos claros como estrellas se posaron en mi figura inerte. De tus labios, color rojo carmesí brotó un suspiro que me devolvió el aire perdido.

Norte y Sur me gritaste en un intento de hacerte comprender y en plena oscuridad volviste a desaparecer. Noté que tu figura crecía, eras jazmín de la mañana fría, eras envoltura de plata fina, eras escalera y soportal en un día de neblina, simplemente eras y serás mía.
Reconozco la locura que solo tú elucubras, eras mi enfermedad preferida, eras el sueño de un domingo de diabluras. No te conocía, eras una desconocida… Ahora sólo me queda tu aroma, tu sonrisa y tu belleza diluida, la busco, te busco, sólo la percibo en mi mundo pequeño de sueños y risas.

Que serían mis días sin los recuerdos del ruiseñor en mi pecho, del tronío de cien mil millones de besos, del aletear de mariposas de tus cuentos, de mis cuentos, de nuestros cuentos; de las manías insanas y de las miradas que me regalabas. Ahora son otros tiempos… regálame, regálame ese último baile que termine en un beso.

Hoy te muestras como aquella desconocida, mi desconocida a la que un día le brindé mis penas y mis llantos y que con su paño recogía, gotitas de amor y de melancolía. Allá dónde el aire me lleve, donde los caminos se crucen y no sepa como volver, en las aventuras que escriba y no cuente y en las metas que me marque alcanzar siempre estarás, eterna desconocida.

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