Llamad loco al poeta, por que su envoltura es añeja.
Llamad loco al poeta, cuando este denuncia lo que con alajas metieron en su mollera.
Llamad incomprensibles a los actos del poeta que en su divina indulgencia espesa.
Que efímera es la libertad del Rey pescador, un día triste en su sillón y otro día alegre envuelto en sedas. Que bonito es proliferar, como proliferan los microbios en manzanas añejas, como mala hierba que intenta tapar los recodos de los caminos de la verdad.
Y es que al Rey pescador no le hacen falta hogueras, ni tampoco pescar atunes, por que no es precisamente lo que pesca. El Rey pescador crea y modela. Modela lineas huecas, crea atuneros ficticios que no todos comprendan.
Dejemos de lado al atunero, centremonos en lo vano de los sentimientos, en carrozas de plomo candente, en las bodas que fueron famosas del Pingajo y la Fadanga.
No eres más que una obra mal acabada, y sí, he de destruir tus historias, tus miserias, tus confesiones oscuras que no encierran mas que locura, pero no locura del poeta, sino locura de sentimientos que son transformados, interpretados, intercalados... en redes que pueden ser huecas.
Al igual, me dijeron que todo estaba destinado a terminar mal y ¿por que no?, que todo termine en el apoteosis de una bella explosión, que bastante tiempo V su voz acalló, y ahora su voz ronca suena distinta... suena a destrucción, suena a hola y adiós.
jueves, 10 de junio de 2010
Aqueronte. Parte I
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