Perros callejeros, golondrinas tuertas. Risas molestas de paladares grises. Bocados de tierna cebolla... Olores de jazmín en sus altares. Amarillo acenista, verde esperanza, roja la sangre que corre por tu garganta.
Valientes caminares por cochombrosos campos yermos. Sonríe la Niña Cosa ante su nana.
Colores varios en cielos tristes despejados, pesanumbrado sol del día de los girasoles, hipocresía infinita en saludos de falsas sonrisas y amargas miradas. Hilos de seda de color plomizo sobre la mirada de la Niña Cosa.
Y todos son sentimientos de uno que mordió una vez una cebolla, con pluma fina y cortante, amigo de la parca y de lo inexplicable, de la noche mas dulce y noches violadas. Mares tranquilos y barcas perennes en montes falsos.
Y todo esto al morder lo mas dulce que ha dado jamás la tierra, la cebolla, esa linda cebolla.
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