Dicen los que saben decir que las personas no somos más que un cumulo de propósitos interpuestos ante los hechos adversos que se nos planten a lo largo de un corto periodo de tiempo. Pensamos que no valemos nada sino tenemos algo que satisfaga el deseo puro de ver con elocuencia el mal adverso.
Dicen los que saben decir, y dicen con lengua viperina, que las personas somos seres intransitivos movidos por rencores llenos de odio.
Todo esto puede quedar dicho en la milésima de un segundo, en el besar de dos párpados cerrados, en la ilusión desnutrida de un pobre anciano en susurros de rellano. No es mas verdad que los sentimientos son la cosa más sucia, rastrera y asquerosa que sustenta al ser humano, cumulo de imperfecciones, apatía y envidias nos trastocan la conciencia día tras día, hora tras hora y minuto a minuto. No somos nada...
Somos palabras arrastradas por viento en cólera desmesurada.
En la espesura del chaparron, cuando la tormenta arrecia aparece a lo largo del corredor una figura siniestra que porta hitos de grandeza. Sombra siniestra de amargura, sombra siniestra de locura.
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