Que si un día despierto queriendo ser remolino dejadme que ya he resistido el dolor de ser hombre y quiero hacer volar bonitos papelitos de infinitos colores y llevarlos contigo.
Que si un día despierto
sin haber cerrado los ojos dejad porque en la oscuridad soy capaz de discernir
mundos, oligarquías y meritocracias; que no soy más que hojas desordenadas de
un mal libro.
Que si un día despierto
con pistola a barlovento dejad que he descubierto que el mal es obra del hombre
y que no hay demonio más grande que él, ¿A quién disparar para no fallar?
Que si un día despierto y
no puedo acariciar el sueño de lo vivido, si no puedo agarrar las crines del
tiempo y subirme a la montura de la locura, si el temblor es mi amigo y la
mueca mi mejor vecino; y ahora me despido pasito a pasito, buhonero y
cancionero, malabarista en prosa y verso, alquimista de noches de ensueño con
treinta primaveras de más.
Y esto lo escribo con
pluma de plata y mano de piedra, así lo ha decidido el tiempo de mi larga condena,
esbozando en carbón escenas de una vida eterna.
