Y me convertiré en vela que ilumina caminos de desesperanza, odio y a veces rencor. Volaré por cielos grises y bajaré con todo mi odio a golpear corazones sordos, ha destruir tiernas mascaras y a desfigurar rostros maquillados de sucia felicidad. No sabes cuanto cuesta ser espejo, para que te recrees en mi y veas que no miento, que eres condena errante en un mundo de hipocresia, que eres cristal roto y ceniza. No vales mas que las penas que guardo en algún rincón de este maltrecho cuerpo. Te caerán golpes como chuzos de noviembre, suplicaras no haberme conocido y odiaras el momento en el que decidistes poner cara de amargura. Ya pocas cosas me quedan que sean claras y nítida como las del compañero atunero, que prefiere vivir lejos, allí donde vive el olvido, olvidado en el interior de cualquier recuerdo marchito, dejando escapar bocanadas de felicidad donde un día tu te convertistes en tristeza, donde encontrabas el desamparo en bocas ajenas. No, no seré yo el que reniege de escrúpulos, ya que estoy acostumbrado a escupir trozos de recuerdos donde solías andar para así no volverme a marchitar.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

muy bueno...
ResponderEliminar