Miradas petulantes y carcajadas sonoras cargadas de ironía retumban en mi cabeza.
Miradas odiosas y cansino palabreo de cabezas rotas.
Abrumadora melancolía por tiempos cercanos cargados de agonía,
momentos tiernos de lenta agonía.
Bofetadas de lengua viperina envenena el ser de mi ser; Ser frío y cálido, tranquilo y atormentado, ser feo por dentro.
Odio, rabia y miseria amparan al tierno poeta, en tierra austera cargada de balas de pronta miseria.
Palabras tajantes, cortantes e hirientes lanzadas como cuchillos mortales en carnes abiertas por el calor prematuro de la primavera.
Somos dos y uno sin tierra, tierra amada y preñada de dulzura y hierbabuena.
Y el lucero del candil se apagó y todo quedó en oscuridad y en silencio, leve brisa primaveral acaricio la calavera de pensamientos que jamás recordó.
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