viernes, 22 de julio de 2011

AUTOPSIA DE UNA MENTE PRODIGIOSA- PARTE XIII (SOLILOQUIO)

Soliloquios de pasión desaforada mientras me cruzo
con mi mirada en mitad de esta tierra valdía por
la desazón y el recuerdo mediocre del que se siente
como aquel que una vez supo llorar.

Soliloquios de fugaz ironía son los que acompañan
los movimientos realizados por caprichosos jugadores
en un tablero de ajedrez mecanizado.

Soliloquios de silencio sentado en la llanura, rodeado
por el polvo de miles de caballos a galope sin rumbo
ni horizonte.

Soliloquios de grandeza del que en su libreta tiene
su vida entera, escritos en esveltas letras que muestran
horrorizadas los sentimientos plasmados en un papel.

Soliloquios de tiempo y lugar, reloj parado en la hora
en la que la fría mente lo cristalizó, Funebre calavera
de plata arrastrada por la edad.

Soliloquio del que se vio abandonado, del que escucha
como las flores se desfloran, del que no guarda rencor
ni del que se siente traicionado cuando de sobra sabe
que es añorado y amado.

Soliloquios de templanza férrea, de 600 páginas de
truculenta locura, sonido sordo de las horas que
ahogan y aprietan en el momento de oscuridad
suprema para el pequeño poeta.

Soliloquios de martirio por ver como se marchita la
la primavera, mí primavero, la razón de mi tranquilidad.

Soliloquio del que le habla al papel en blanco esperando
una tenue respuesta de la pluma que sostiene entre sus
huesudos dedos, aquellos que han tocado lo bello y lo
eterno.

Soliloquios de extrema belleza que reflejan la gran
hechura que nadie a conseguido ver.

Soliloquios de salvación emborronados por los insultos
de la sin razón, de la parte cruel, desconfiado y oscuro
de su ser, del ser inequívoco e inacabado que vomita
palabras punzantes repletas de escozor.

Soliloquios en la mente de un ser débil de nacimiento,
enfermizo por el temor de la perdida de la primavera,
por el miedo a no sentir lo que siente al salir y verse
inundado por la belleza que le muestra todo lo que
le rodea, de convertirse en roca inerte y adherirse al
cruel vaivén de las oscuras emociones del ayer.

Soliloquio de la dicotomía, de la locura, del miedo de
que el recuerdo sea la cura para el desengaño.
A mi edad...

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